Cuando necesito del otro para subsistir, la relación se hace dependencia.
Y en dependencia no se puede elegir. Y sin elección no hay libertad.
Y sin libertad no hay amor verdadero.
Y sin amor verdadero podrá haber matrimonios, pero no habrá parejas.
-Jorge bucay y Silvia Salinas
Empezamos con las ilusiones y ahora me muevo a la cuestión de la libertad. La libertad es una palabra fuerte, imponente, una palabra que ha movido a los humanos desde siglos atrás para imponerse ante todo aquello que atente contra su libertad. De manera irónica, muchas veces ese ataque hacia la libertad termina convirtiéndose en ganar la libertad propia para suprimir la libertad de los demás. La historia tendrá cientos de ejemplos al respecto. Donde la corrupción humana crece a niveles en los que, por defender la libertad de los demás, se destruye la libertad de otros y de paso todos sus demás derechos, sino es que antes se acaba con sus vidas.
Pero la esencia de la libertad permanece “intacta” ante los intentos de corromperla que ha hecho el hombre. El humano, en teoría, nace libre, vive libre y muere libre. He escuchado por ahí que “sin libertad no hay vida”. Y es cierto. Sin libertad, realmente no hay prácticamente nada más.
Hablar de libertad es un tema delicado y probablemente demasiado como para que yo sólo pueda abarcarlo. La libertad alza muchas preguntas, ¿Dónde empieza mi libertad y dónde empieza la libertad de los demás? ¿Cuándo la “responsabilidad” es mayor que la libertad? Y si combinamos responsabilidad y libertad, la ecuación habrá dado un cambio impresionante. Si somos completamente libres, ¿una persona tiene la libertad completa de, en una hipotética relación bastante bien llevada, tener un “affair” con alguien más? Si somos libres, ¿una persona tiene la libertad completa de abandonar a una pareja cuando lo desee, aún cuando la relación es buena? Mejor aún, ¿está en su derecho de abandonar a una familia? ¿Una esposa? ¿Hijos? Y ojo, hablo de abandonar, porque algo más grave es una clara falta contra la libertad de una persona, y si hay algo en que podría creer, es que una libertad no puede atacar a otra libertad. Por eso nadie es libre de, por ejemplo, quitarle la vida a alguien más, porque quitar la vida es quitar una libertad aún más grande.
Pero abandonar, ¿a quién hace daño? En teoría a nadie, retomando la parte de las ilusiones, si un abandono te daña, es porque una ilusión se rompió. La otra persona simplemente decidió hacer uso de su libertad e irse. Y es por eso, y muchas personas me van a querer matar por decir esto, pero el abandono a una familia es entendible y de una forma muy objetiva, justificable. Hasta eso es justificable. Una simple relación y su fin, son, en su más esencial forma, absolutamente nada de importancia. ¿Que esa persona era responsable del bienestar, que su responsabilidad era mayor? Quizá. Pero es un concepto social y moral, es un concepto en el que si, quizá el que alguien abandone a otro repercuta en el peor de los casos, económicamente, dejando a la pareja abandonada en una crisis económica impresionante. Sin crisis económica y puro daño psicológico y emocional, bueno, entonces la gravedad disminuye. Si, disminuye y mucho. Una ilusión se acabó, ¿Qué más se le puede hacer? La vida tiene que continuar. Y si la familia o algunos individuos de ella no continúan su vida por su cuenta, es culpa de ellos, no de quien los abandonó.
Es fácil en este punto malinterpretarme. ¿Eso significa que con esta ideología me convierto fácilmente en un “infiel”, que en el momento en el que consiga (milagrosamente) una novia o esposa podría fácilmente irme con otra a su espalda, que podría tratar a una mujer como un simple maniquí? No. La respuesta es no. Soy hasta ahora lo que podrían llamar un hombre fiel. Pero dejé el paradigma estricto de pareja fiel = pareja ideal. La infidelidad o el miedo a ella cae en dos puntos. Uno, la ilusión del para siempre. Si eres fiel, la eternidad de la perfección pareciera que existe. Y dos, el sentimiento estúpidamente ENORME de los humanos de pertenencia. “Esto es mío y no tuyo”, “Tu serás mía/o para siempre”. Somos ridículamente posesivos. Creemos que poseer al 100% a una persona, incluso en contra de su voluntad o su felicidad, es la mejor y más clara demostración de amor. Es por eso que si ocurre la “infidelidad”, ah, entonces no es tuya aquella persona, esa persona decidió compartirse, y compartirse significa que le dio a alguien más algo que según tú, por derecho divino, es únicamente de tu propiedad. Caemos en el estúpido (y demasiado común) pensar de que es posible poseer a una persona y si esa persona intenta no ser poseída, entonces esa persona no siente nada por ti y está cometiendo el más grave de los pecados.
Pamplinas. Error humano. Es por eso que si un amigo dice que le late la novia de alguien más y piensa en bajársela, le digo que adelante. Si la tipa quiere y mi amigo quiere, pues que más da, ambos, hagan lo que hagan, lo hacen por su propia felicidad. El tipo de la novia cuando se entere quizá chille, patalee y haga todo un drama, pero bueno, tenía que estar previsto. ¿Que unos amigos se besen aún cuando el y ella tienen pareja respectivamente? Bleh, ¿cual es el daño? Yo entendiendo todo esto, no pido fidelidad. No pido que alguien esté conmigo de aquí a la vejez. Claro, que la idea sea agradable es asunto aparte. Pero de ideales bonitos no vive un hombre y pocos se cumplen realmente. ¿Qué te aburriste y quieres irte? Adelante. ¿Qué encontraste a alguien más por el cual sientes algo? Pase usted. ¿Qué me quieres pero también quieres a este amigo y quisieras pasarla “íntimamente” con él? Excelente, nomás usa protección. No vaya a ser, ¿no? Relación a la carta. Nadie tiene ningún derecho de encadenar a otra persona a su vida. Si, que alguien que aprecies decida irse para siempre… duele. Y quizá crean que pensar en que algún día se irá esa persona deterioraría la relación. Podría ser, depende del grado de madurez que tengan ambas personas. Más doloroso para mí es creer que jamás se irá y que al final se vaya. ¿Qué tan más doloroso? Un porcentaje alto de personas que pasa por eso, hubiera preferido su propia muerte (e incluso la muerte de quien se separó) más que haber pasado por esa separación que rompió con la ilusión de lo eterno, esto escrito en un libro de investigación de psicoanálisis “La Separación de los Amantes” de Igor Caruso. Así que ustedes díganme cual es mas sano y cual no lo es. En una separación, dolor habrá, ustedes decían cual dolor quieren soportar.
Mi propuesta es simple. No mientan. El primer paso de reconocer la libertad es hablando antes. Que yo tenga esas ideas raras y creer que el concepto de “infidelidad” es por más anticuada e inútil no significa que me agarraré de ahí para ir dañando a otras personas. Uno podría mentir con promesas falsas de una eternidad inexistente y de una fidelidad impecable para conseguir a la chica que quiera. O es más, uno podría no mentir de principio, pero al final somos humanos y errar es nuestro. Hablando con sinceridad es cómo entonces se sabe a que van. Oye, mi nombre es tal y la verdad yo no creo en lo eterno, no puedo prometerte un amor eterno o una vida perfecta, no puedo prometerte que arregle tu vida, o que me convierta en tu salvador, pero me gustaría estar contigo 5 minutos, un día, un mes, un año, quien sabe, lo que se dé. No creo en la fidelidad y tienes toda la libertad de hacer lo que te plazca, yo te querré hagas lo que hagas. No significa que yo vaya con otras personas. Realmente contigo me sobra y me basta, pero no significa que por yo ser así tu deberías ser así. Yo quiero a las personas como son, con sus defectos y todo. Las personas son un paquete entero, no un restaurant donde pides sólo lo que te gusta. No existirá lo perfecto, pero quizá la imperfección sea el chiste de todas las relaciones humanas. Las puertas están abiertas para ir y venir cuando quieras. Si me preguntas si siento cariño o amor, lo hay, un amor humano, tan lleno de contradicciones y desperfectos, lo cual lo convierte en sincero. Eterno, quien sabe, pero más vale sincero que una eternidad falsa. Quizá termine esto, quizá no. Si terminó, tuvo que ser así. Quizá ni siquiera podamos estar juntos por mucho tiempo por muchas cuestiones del destino y de la vida. Pero así soy, así me baso y así es mi ideología. Es tu decisión y aceptaré la que tomes. Primero la libertad, lo demás vendrá siguiéndola. Mi libertad y tu libertad ante todo. Con esto quiero que entiendas, yo te hablo con la VERDAD y te trato con respeto.
Ya entonces la persona decidirá con toda libertad. Uno no puede predecir el futuro, pero sabe más o menos a qué va. Quizá pocas personas acepten una propuesta así, quizá esa propuesta ataque a sus ideales e ilusiones, quizá esa persona querrá engañarte aceptando la propuesta pero pensando en el fondo que, quien sabe cómo demonios ni por qué, lo dijiste de broma y que realmente quieres un amor de ensueño y una vida perfecta para ser su príncipe salvador. Me ha pasado… y es horrible. Uno habla con la verdad para no lastimar a alguien y que esa persona sepa más o menos las posibilidades y lo que incumbe todo eso. No para que, irónicamente, crean que cuando dices la verdad realmente estas mintiendo y cuando descubren que tu verdad es verdad, se lastimen. Alegan por las mentiras pero las verdades no las quieren escuchar. Irónico. Y tan humano.
No hay que atentar contra nuestra propia libertad ni la de los demás. Pero sobre todo, hay que saber lo que pasa en realidad. No hay que basarse en ilusiones. En promedio, en México, los hombres antes de su primer matrimonio tienen 12 novias. Las mujeres en promedio antes de su primer matrimonio, tienen 9 novios. 12 rupturas de los hombres, 9 rupturas de las mujeres. Podría decir que en una pareja casada, hubo 21 personas antes, EN PROMEDIO. Por estadística, uno de cada dos de mis lectores será o le serán infiel durante el matrimonio. Eso sin olvidar, que aunque no sean infieles, de ese 1 de cada dos que no sea infiel, aproximadamente el 30% le gustaría ser infiel alguna vez. Uno de cada dos hombres no rechazaría una oportunidad explicita si se le presenta, para ser infiel. O sea que si una linda chica se le aparece en lencería exótica, probablemente caiga. Y esto durante el matrimonio. Imagínense los datos de simples noviazgos, donde el “compromiso social” es menor, muchísimo menor. Es una realidad, una gran y enorme realidad que existe desde que el humano es humano. Sumen los porcentajes. Si durante el matrimonio más de la mitad de las persona son o les serán infieles, más los 21 noviazgos promedio que terminaron por razones tan comunes que por infidelidad, maltrato, desprecio, celos, insértese aquí mil y un problemas psicológicos individuales y de ambos, ya sea por los “otros” o porque ellos mismos son así. Más aparte el divorcio, lo que sucede durante el divorcio, después del divorcio y las dos, tres, cuatro veces que una persona se vuelva a casar. Eso me dejaría al tanteo con un 5% de probabilidad de que una persona jamás en su vida sea o le sean infieles y que no exista problema alguno durante alguna relación. Que va, si fuera por mí le rebajo la probabilidad a menos del 1%.
Es por eso que hasta la palabra me da pereza. Es anticuada, rebuscada y hasta inútil. El humano por más que luche siempre busca esa gran y enorme libertad, de la posibilidad de ser libre y estar a veces con quien quiera cuando pueda. “Yo nunca seré así”, dirán sepa cuantos. Ya estuvo, por estadística, 5 de cada 100 que dice eso lo podría cumplir. Yo conozco a 5 que lo han cumplido hasta la fecha. Así que ustedes ya valieron xD. Y yo, bueno, en teoría ya pasé por algo así, entonces entro en la estadística. Sí, esta es la REALIDAD. Sí, esto es lo que sucede. Si somos humanos y la mayoría de nosotros fracasaremos en intentar luchar contra eso o nos toparemos con esa realidad en otras personas, incluso en alguien cercano (o tu propia pareja), entonces, ¿porqué seguirla negando? Simplemente por posesivos. A toda costa queremos poseer egoístamente a alguien más. ¿No es acaso el matrimonio la forma social de justificar una relación de por vida, de hacer un juramento de estar con alguien y cuidarla y protegerla cada día de nuestras vidas hasta que la muerte nos separe? Y sin embargo, la muerte si nos separa. La muerte dentro de la conciencia de esa persona, para olvidarla e irse a otra vida. La posesión de otras personas es aceptada y promovida por la sociedad. La sociedad afirma que puedes tener a alguien, que un ser humano puede ser de tu pertenencia, que tiene la obligación de ser de tu propiedad y supuestamente de la misma forma en viceversa. Lo promueve, tachando como algo monstruoso, inconcebible, una cosa que jamás debería pasar y que pasa en un 95% de las personas en algún momento de su vida. Ah que ironía. Y sin embargo sigue siendo humano.
No promuevo la infidelidad ni grito “hey, sal a ser infiel”. No promuevo el lastimar a la gente. Como ya dije, es fácil malinterpretarme. Solamente promuevo un sano concepto de realidad. ¿Que autoridad tenemos de decirle a otros que deben estar con uno, aún cuando eso ya no les hace feliz? ¿Por qué no dejar a nuestras parejas ser libres y hacer lo que a ellas más les haga feliz? ¿Qué tiene de malo el “yo te amo, tu me amas, solo quiero pasarla con alguien que quiero, pero te sigo queriendo igual”? En esencia la gente busca que la quieran, ¿no? Pero la gente busca un sacrificio. Necesita el sacrificio de alguien más porque así es como realmente cree en el amor de persona. Y es más, me sacrifico yo, me reprimo, me retracto de la gente, combato con todas mis fuerzas e incluso mato algunos aspectos míos, para que si yo me sacrifico, tú también lo tienes que hacer. LO TIENES QUE HACER POR QUE SOLO ASI SABRÉ QUE ME AMAS. Error. Muchas veces a uno le pasa lo siguiente. Conoces a alguien. Esa persona para ti resulta ser única y especial. Decides entonces, hacer lo que jamás antes harías por alguien más. Cambias, te dedicas, sientes al máximo, decides arriesgarte a una ilusión de que tu cambio provocará cierta reacción en la otra persona y si tú te sacrificas por ese amor, esa persona lo hará de regreso (TIENE QUE HACERLO). Luego esa persona te deja, quizá porque se aburrió (pasa, soy testigo), quizá porque encontró a alguien más. Te sacrificaste, sufriste, te inhibiste, peleaste con tus demonios internos y quizá muchas cosas negativas surgieron, pero hiciste lo humanamente posible por minimizarlas, y aún así te dejó. Te duele que el sacrificio no haya sido mutuo, pero te duele que hayas tenido que destruirte para nada. Es más cuestión de orgullo muchas veces.
¿El sacrificio corporal es sinónimo a amor? Piénsenlo.
Y si uno quiere ser infiel en una relación que prometió amor eterno y fidelidad absoluta. Ouch. Buena suerte, terminarás hiriendo a mucha gente. Es por eso que haber jurado todo eso eternamente sin haber planteado una solución mas realista al momento de iniciar una relación traerá muchos, muchos problemas. Si uno promete algo la otra persona espera que lo cumplas. La gente en general no tiene mi ideología. Si la tuviera no tendría caso plantearlo aquí. Si uno va a hacer eso o ya lo hizo, es mejor plantearlo y terminarlo ahora. Será un caos colosal quizá, pero bueno, terminar y replantearlo, no volver a engañar por simples caprichos sentimentales. Si va a pasar, que pase. Cruel realidad, que desearía que no existiera, pero existe.
Vive y deja vivir. Sin libertad no hay vida. No dependemos de nadie para ser quienes somos ni para definirnos ni para vivir. La frase inicial es cierta. En dependencia no hay elección, sin elección no hay libertad, sin libertad no hay amor verdadero, sin amor verdadero podrá haber matrimonios, pero no parejas.
Para que la libertad funcione, muchas veces dicen que la libertad debe ser llevada con responsabilidad. Que ambos son las dos caras de la misma moneda. Sin embargo yo digo que para que la libertad funcione debes de hablar antes que nada con la VERDAD. Y después con el RESPETO. Libertad, verdad y respeto son los tres conceptos que deberían ir juntos antes que nada. La responsabilidad debe de ir en su propio camino junto con otros atributos quizá. Pero la libertad debe usarse para minimizar el daño a otros, jamás usar la libertad propia para dañar a otros y mucho menos suprimirles la libertad. Así que simplemente, si hablas con la verdad antes, la gente sabe a que se atiene y si no quiere arriesgarse a eso, ni modo. Si, quizá te quedes solo y a esa persona que estimas no le parezcan tus ideas, pero es mejor que no le parezcan y se vayan, que mentirle para que esté contigo y la lastimes después. Eso es precisamente parte del respeto.
Libertad, verdad y respeto.